Mi obsesión por los negocios comenzó temprano. A los 12 años mi hermano mayor me regaló una copia de “El hombre más rico de Babilonia”, que en realidad es un libro sobre finanzas personales y no exactamente sobre estrategia empresarial o negocios. Sin embargo, el concepto del dinero y la creación de riqueza me movió enormemente. Antes de entender o exponerme a conceptos más complejos y complicados, entró a mi mente una fascinación doble; por un lado, este concepto del dinero como un habilitador importante de la sociedad y de nuestras vidas, puede ser “creado” en la aplicación disciplinada de ciertos principios. ¿Cuáles son entonces estos principios? Y por otro lado, el infinito alcance del conocimiento y los cientos de mentores lejanos a los que puede tener acceso alguien cuando pone sus manos sobre un buen libro. ¿Qué más puedo aprender sobre estos temas prácticos? Después de todo, me gustaba leer pero mi exposición a la lectura estaba limitada a lo que incluyera el programa anual del colegio.
Me dejé guiar por esta obsesión por aprender, que agradezco las décadas no han apaciguado. Tuve una adolescencia interesante, balanceada entre la “rumba” de la salsa de mi natal Cali en Colombia y decenas de libros sobre inversión, análisis financiero, mercado bursátil y bienes raíces. Estaba leyendo estados financieros antes de mi primer beso, así que no exagero al decir que los negocios siempre fueron mi primer amor. En esa época, algo antes de la facilidad con la que hoy podemos descargar en PDF los estados financieros de cualquier empresa en bolsa, debía escribir a la oficina de relaciones con inversionistas de las empresas estadounidenses que me interesaba analizar para solicitar a ellas una copia de su libro a inversionistas, por supuesto mintiendo sobre mi edad y otros pequeños detalles. Mi padre asombrado y fascinado recibía en la puerta de la casa los paquetes dirigidos al Sebastian de 13, 14, 15 años de parte de Disney, Ford, Coca Cola, General Electric, etc. y mucho más de verme trasnochar en mi escritorio sacando de estos documentos razones e indicadores financieros con tendencias históricas y comparativos de la industria. Mis primeras transacciones bursátiles las tuve que hacer a través de mi hermano mayor, siempre cómplice de este camino, por edad y porque él vivía ya en Estados Unidos.
Mientras todos mis amigos cuestionaban diferentes caminos profesionales, yo ya tenía clarísimo lo inevitable que sería mi vida en el mundo de los negocios. Sin embargo, asumí que estudiar finanzas sería el camino indicado, dado el principio de esta obsesión. El lenguaje financiero me capturó pero nunca fue suficiente para explicar por qué algunas empresas son tan exitosas e influyentes protagonistas en esta creación de riqueza y valor compartido para su entorno. Entender el lenguaje de negocios de una forma más amplia era el paso lógico y en ese camino descubrí el amor por la empresa; esa invención abstracta que reúne tantos elementos del ingenio y la habilidad humana para crear de un esfuerzo colaborativo valor para alguien más.
Aun después de tantos años “untándome” de esta realidad apasionante de la estrategia empresarial no dejo de sorprenderme y aprender. La obsesión continua y me lleva a buscar la fórmula en diferentes rincones; innovación, liderazgo, transformación cultural, mercadeo, estructura organizacional, experiencia del cliente, marca, etc. El niño de 12 años se sigue haciendo las mismas preguntas y con esa misma mentalidad de aprendiz me siento afortunado de tener acceso a los mejores mentores; si, los que me entregan al pasar de las páginas su sabiduría, pero también ahora de una forma más real, aquellos que abren las puertas de sus empresas para acompañarlos a crear valor y transformación desde la práctica. “Consultor” porque no se han inventado todavía un título que no me cause algo de molestia e insatisfacción, pero al final de cuentas, este oficio que no cambiaría por nada.